

Esta serie nace de una necesidad de metamorfosis y del estudio de la krisis. Ese estado donde mudar la piel no es una pérdida, sino el mecanismo exacto de supervivencia. A través de exuvias —pieles de serpiente— y la simbología de la mariposa, exploro el desprendimiento como un acto de luz donde el cuerpo reclama una nueva presencia. El proyecto se despliega en un diálogo entre la memoria del trazo y el archivo vivo.
En las litografías, traslado el registro gestual y efímero de mi bitácora diaria a la dureza de la piedra. Es una alquimia donde el rastro del proceso se asienta en el mármol, convirtiendo el cambio constante en un refugio de materia; la intervención del oro consagra este desprendimiento, otorgándole al cuerpo una entidad propia.
Por otra parte, el libro de artista funciona como un velo del pensamiento que precede a la forma; un espacio donde la escritura convive con la voz y el dibujo para documentar el origen de cada imagen. En sus páginas exploro la raíz sánscrita Kri, ese punto de convergencia donde se encuentran la crisálida y el crisol. Piel del Alma consolida, en definitiva, el proceso creativo como un umbral de memoria.





































